viernes, 16 de junio de 2017

Pseudociencia: Una Introducción Práctica



Como lo hice para la plática que di sobre Ciencia y Religión hace unos meses, he hecho una versión escrita de una plática sobre Pseudociencia que he presentado en un par de ocasiones. Dejar las cosas por escrito me sirve para ordenar mis pensamientos mejor y editarlos considerablemente. Puedo dejar todo en una forma extremadamente pulida comparada con lo que diría de manera oral improvisada porque puedo editar, referenciar, borrar, cambiar de opinión, pensar dos veces antes de comprometerme a un punto de vista, etcétera. La primer vez que ofrecí esta charla fue por invitación de un amigo al colegio Instituto de Ciencias, y la segunda fue por invitación de la Sociedad Astronómica de Guadalajara. En ambas ocasiones presenté prácticamente el mismo material, aunque la segunda ocasión incluí algunas mejoras basadas en la reacción a la primera. Lo siguiente es una versión escrita de mi exposición, transcrita y aumentada prácticamente diapositiva por diapositiva.

Introducción

Existen dos motivos para estar interesados en la demarcación entre la ciencia y la pseudociencia, que en general pudiéramos nombrar el motivo teórico y el práctico. En el primer caso, lo que se busca es completar el marco teórico de una cuestión mayor, que es la definición de la ciencia y, más ambiciosamente, del conocimiento. Desde el punto de vista práctico, quisiéramos tener herramientas para poder tomar mejores decisiones en nuestras vidas cada vez que se nos presente un conocimiento con la etiqueta de "científico". El prestigio de la ciencia es algo buscado por quienes pretenden persuadir a otros de la veracidad de sus ideas o la eficacia de sus productos y uno debería estar preparado para distinguir entre lo genuino y las imitaciones. Si esto parece algo remoto a la vida diaria, considere que se hacen declaraciones de tipo científico rutinariamente acerca de los siguientes temas, entre otros:
  • Salud: tratamientos para todo tipo de padecimientos, desde cáncer hasta estrés, se presentan como basados en ciencia. Algunos son científicos y otros no.
  • Derecho: no toda la evidencia es igual de importante en un caso criminal: considere el peso que se le da a un testimonio comparado con una prueba de ADN que lo contradice. 
  • Medio Ambiente: distintos puntos de vista se presentan como científicos o no en torno a temas sumamente importantes, como el calentamiento global o los cultivos transgénicos.
  • Educación: lo que los jóvenes aprendan va a determinar sus herramientas para enfrentarse al mundo, y quisiéramos que estén preparados para enfrentarlo como realmente es y no una versión fantasiosa.
  • Periodismo: basta ver las noticias todos los días para ver el choque entre diferentes "expertos" sobre acontecimientos locales e internacionales para darse cuenta que alguien tiene que estar muy, muy equivocado.

Definiciones

Comenzando por lo más básico, el diccionario de la RAE define a la Ciencia así:
Ciencia: Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
Hasta ahí suena todo bien, pero más adelante veremos que no es tan sencillo en la realidad. Entonces, ¿qué es la pseudociencia? En esto, la RAE no es muy útil:
Pseudocientífico: falsamente científico.
Haciendo un corto viaje a la Stanford Encyclopedia of Philosophy, encontramos algo mucho más útil. Voy a ser algo audaz y resumiré el artículo completo sobre el tema (que vale la pena leer en sí) en unos puntos breves:
La pseudociencia es una ciencia impostora. Es una colección de creencias pertenecientes a una doctrina no-científica cuyos promotores 1) quieren hacer pasar como si fuera científica o 2) presentan como una alternativa a la ciencia. Usualmente los promotores de la pseudociencia oscilan entre ambos puntos, frecuentemente cambiando de postura según el argumento que estén teniendo en ese instante.
¿Cuál es el problema?

Uno pudiera pensar que, teniendo la información anterior, sería cuestión solamente de ver cuáles áreas de estudio cumplen con las definiciones y cuáles no, y terminamos. Resulta que esto ya se ha intentado por muchas personas y no es tan fácil como quisiéramos. La situación actual es más o menos ésta:
  • hay consenso sobre muchos casos particulares de pseudociencias que son obvios.
  • No hay consenso sobre los criterios generales que unen a esos casos particulares.
  • La pseudociencia es difícil de definir porque la Ciencia es difícil de definir (a pesar de los diccionarios). Cada una de las palabras en la definición de Ciencia arriba citada es debatida extensamente incluso ahora mismo y el área que se dedica al estudio de la cuestión, que es la Filosofía de la Ciencia, está sumamente activa y en desarrollo constante.
La Ciencia es complicada

Cuando digo que la ciencia es difícil de definir, a lo que me refiero es que elaborar criterios que capturen todos los casos indudables de ciencia (física, química, biología, etc.) resulta en recetas simplistas o, por el contrario, en manuales interminables de reglas, excepciones, y excepciones de las exepciones. Para poder mantener el nivel de este texto en "Introducción Práctica", voy a tener que echar mano de la audacia otra vez, con perdón de los estudiosos rigurosos del tema, y dejaré un breve resumen de toda la Filosofía de la Ciencia y algunos de sus personajes en unos pocos puntos:
  • Falsabilidad: Las teorías científicas pueden, en principio, ser refutadas por evidencia nueva (Popper). Si no se puede plantear un escenario hipotético que demuestre que una idea es falsa, entonces no es científica, pues es tautológica o está mal definida y se ajusta a lo que sea. En otras palabras, para que una teoría sea científica ésta debe comprometerse a un resultado y decir, "Si tengo razón acerca de que X funciona así, también deberíamos observar que Y. Si Y no se cumple, entonces estoy equivocado." Si una teoría no se compromete a nada, no es científica. Por ejemplo, cada vez que una teoría de conspiración se topa con un problema, el conspiranóico mueve la portería de lugar y dice "¡Ajá! La conspiración es aún mayor de lo que pensé. ¡Los reptilianos alienígenas han borrado sus huellas para hacerme quedar mal!"
  • Paradigmas: Una vez que una teoría funciona se usa para resolver problemas, sin que necesariamente se busque desprobarla (Kuhn). En la práctica, en la Ciencia no se anda para un lado y para otro tratando de probar ni desprobar nada. Más bien, la mayor parte del tiempo se usan herramietas que ya están bien establecidas para sacarles jugo y resolver problemas prácticos, sin preocuparse realmente por formular hipótesis falseables.
  • Comprobabilidad: Las teorías se fortalecen cuando tienen éxito ante los intentos de falsificarlas (Sokal & Bricmont). La falsabilidad por sí sola ignora el hecho de que las predicciones que surgen de una teoría pudieran estar bien o mal. Cuando están mal, pues la teoría es refutada pero, ¿cumplió con ser "científica", según el criterio? Más impresionante es cuando una teoría pudiera estar equivocada, se pone a prueba, y sale airosa. Entonces la teoría se fortalece y gana puntos en el camino a ser Ciencia.
  • Progreso: los programas de investigación son científicos si continuamente proponen y comprueban conocimiento nuevo. Un programa de investigación está viciado si solamente explica cosas que ya se saben (Lakatos).
Si me preguntaran a mí, yo diría que la Ciencia es un proceso lógico-deductivo para obtener conocimiento, y que este proceso está necesariamente anclado a la evidencia física, que es la única evidencia que debería tomarse en cuenta. (Esto me ha valido miradas raras muchas veces, aunque me parece trivial.) Esta visión de la Ciencia es muy flexible e incluye a muchas áreas de estudio que buscan conocimiento aparte de las ciencias tradicionales, como por ejemplo la Historia. Los historiadores trabajan con evidencia física (lugares, documentos, ciencia forense, videos, audios, etc.) y la usan para reconstruir escenarios específicos que describen y explican hechos del pasado. Por ejemplo, si construyeran una versión acerca de la causa de muerte de un personaje histórico basada en testimonios escritos de la época, pero si después se realizara alguna prueba forense que contradijera los testimonios, pues tirarían su versión a la basura y harían otra que se ajustara mejor a la mejor evidencia. Este tema da para mucho qué escribir, pero quiero llegar a la parte práctica pronto y lo voy a tener que dejar para otra ocasión.

Casos difíciles vs. Casos fáciles

Hacer Ciencia es un proceso de muchos pasos, y no está claro cuál es la frontera entre cada uno, ni si todos los pasos son necesarios para cumplir con los criterios de la sección anterior. De nuevo si me preguntaran a mí, la Ciencia es ante todo una forma de buscar conocimiento. Entonces caemos necesariamente a preguntar qué es el conocimiento y ahí es donde las cosas se vuelven interesantes. En el mundo real, inclusive los casos más incontrovertibles de Ciencia en acción constan de partes que, por sí solas, quizá no veríamos como científicas.


Por ejemplo, un comité de expertos puede decidir darle dinero a un proyecto de investigación o no. Si dejamos de lado los casos de interés personal, corrupción, etcétera y suponemos que este comité está solamente interesado en financiar los proyectos más prometedores, sus decisiones están afectando el conocimiento que se pudiera obtener (o no). Decidir qué investigación vale la pena ya supone que saben algo de los potenciales méritos o beneficios de ésta, quizá basándose en la experiencia de financiar proyectos anteriores y los resultados que se obtuvieron ("¿Quieren dinero para otra prueba de la Relatividad General? ¿Cuántas veces tienen que repetirnos que Einstein tenía razón?"). A lo que voy es: ¿es el proceso de financiamiento de proyectos de investigación científica en sí un proyecto científico?

Otras preguntas no triviales en esta categoría pudieran ser las siguientes:
  • ¿Las explicaciones científicas que resulten ser equivocadas son ejemplos de pseudociencia, o son solo parte del proceso? 
  • Cuando hay una ciencia legítima pero que está en su estado inmaduro, ¿los errores inevitables que comete son pseudociencia? 
  • Si hay un argumento matemáticamente perfecto que no aterriza a una observación física posible de realizar, ¿eso es pseudociencia?
  • Si hay distintas explicaciones para un mismo fenómeno, ¿cúal es el criterio para decidir cuál es la explicación mejor? 

Las buenas noticias...

Afortunadamente, las sutilezas que estudia la Filosofía de la Ciencia suelen estar a muchos niveles de sofisticación por encima de la necesaria para identificar los casos "fáciles" de pseudociencia. Como dijo el juez Potter Stewart en la Suprema Corte de Estados Unidos acerca de la pornografía, aunque sea difícil de definir rigurosamente, uno la reconoce cuando la ve. Esto es gracias a las características tan descaradas que presenta, entre las cuales resalta ante todo la deshonestidad intelectual y un rechazo a adoptar métodos para contrarrestarla. Esta deshonestidad no necesariamente es dolosa: basta con ser ignorante de los sesgos cognitivos que los humanos tenemos de manera natural. La inmensa mayoría de los charlatanes son, sin duda, sinceros.

En la ciencia se ha aprendido la dura lección de que los humanos no somos suficientemente listos ni honestos para entender al mundo solamente echándole ganas. Por eso la ciencia ha desarrollado métodos de control de calidad para detectar esta deshonestidad en sus distintas formas, como:
  • Falacias (errores de razonamiento)
  • Fraudes (datos deliberadamente inventados)
  • Sesgos cognitivos (parcialidad)
  • Falsos positivos (correlación vs. causación, coincidencias, errores metodológicos)
Los controles no son perfectos y a veces se cuelan algunas cosas, pero son muy efectivos a largo plazo. Entonces, la estrategia para estudiar y diagnosticar la pseudociencia (a un nivel introductorio práctico) es usar la honestidad intelectual como criterio. Los casos difíciles se mantienen así porque la búsqueda sincera del conocimiento es complicada, pero el diagnóstico de los casos fáciles se vuelve trivial. Como la pseudociencia es por definición una ciencia impostora, y ser impostor es deshonesto, pues podemos buscar violaciones a la honestidad intelectual usando los filtros básicos que ha desarrollado la ciencia. Unos pocos ejemplos de estos filtros son:
  • Escepticismo
  • Estudios controlados
  • Arbitraje por colegas/competidores
  • Transparencia en los métodos, argumentos y datos
Herramientas prácticas

El escepticismo es la herramienta básica y confiable para enfrentar casos fáciles de demarcación, pero el término tiene distintos significados:
Antiguo: dudar inclusive de lo más evidente, resultando en la desesperanza de poder obtener conocimiento alguno.
Moderno: creer pero siempre en proporción a la evidencia.
Negacionista: impostor del escéptico moderno que ignora, niega, distorsiona o falsifica la evidencia por razón de su agenda ideológica.
El sentido útil para hacer ciencia y detectar pseudociencia es el moderno, mientras que los otros sentidos oscurecen el diálogo y en general son enemigos del proceso científico.

El escéptico usa el Pensamiento Crítico, que es tanto un conjunto de habilidades como una disposición a aplicarlas. No significa pensar para criticar, sino pensar usando criterios. El pensamiento crítico consta de dos elementos: 1) un conjunto de habilidades y conocimientos sobre cómo razonar y 2) una disposición a utilizar estas herramientas con constancia y, ante todo, a usarlas con nosotros mismos. La primer parte es fácil y consiste concretamente en el estudio de lógica básica (falacias formales e informales, cómo reconocer un argumento válido, conocimiento de las maneras en las que los humanos hacemos trampa al razonar). La segunda parte es la difícil, pues es sencillo (¡y hasta divertido!) detectar los errores de razonamiento en los demás, pero detectar los errores propios requiere gran esfuerzo y dedicación. Y son estos errores en nuestro propio razonamiento los que precisamente nos llevan a creer cosas irracionales.

En este punto vale la pena hablar acerca de lo que significa "tener una mente abierta", pues pareciera ser una virtud opuesta al escepticismo. Si tener una mente abierta significara creer cualquier cosa, pues sería incompatible con el escepticismo pero también con la realidad sea cual sea, pues uno acabaría creyendo cosas contradictorias. Está implícito en esto que tener una mente abierta implica que hay grados de apertura, y un cierto mínimo de incredulidad es necesario. Generalmente en este punto se dice que uno está dispuesto a cambiar de parecer si se le presentan buenas razones para hacerlo. ¿Pero cuáles son las buenas razones?

En esta cuestión me parece útil el análisis del filósofo Peter Boghossian en su libro A Manual For Creating Atheists. ¿Cuándo debería uno cambiar de parecer? Si yo me comprometo a cambiar de parecer acerca de una cuestión, alegando tener una mente abierta, ¿cómo puedo verificar que esto realmente sea el caso? ¿Puedo evaluar la apertura de otras personas simplemente preguntándoles? ¿Qué tan rígidos deben ser mis estándares de evidencia?

Peter Boghossian
Boghossian da una manera de hacerlo: Imaginemos las condiciones que, de cumplirse, nos harían reconsiderar nuestra posición. Esto sirve para darnos cuenta de qué tan convencidos estamos de nuestra posición, y qué tan excepcional tendría que ser la evidencia que nos haría cambiar de parecer. En vez de pensar "¿Qué demostraría que tengo razón?", deberíamos pensar "¿Qué demostraría que estoy equivocado?" Siguiendo el principio de la proporcionalidad de la evidencia que caracteriza al escéptico moderno, esta evidencia tal vez sea la opinión de un experto, o un estudio con ciertas características, o verlo tú mismo, o lo que sea, según la creencia que se esté evaluando. Pero debe ser algo concreto que uno mismo imagine y que, de cumplirse, haría que cambie de parecer.

Y esto puede usarse con otras personas también. Si un tío loco dice que cree que los ataques del 11 de septiembre fueron un auto-atentado por parte del gobierno de EU, yo pudiera decir: "Interesante. ¿Cómo se vería un ataque terrorista con aviones usados contra edificios, si no fuera un auto-atentado? ¿Qué características tiene un ataque genuino que no están presentes aquí?" Este tipo de diálogo es largo y requiere mucha paciencia (la cual usualmente yo no tengo), pero es la manera más confiable de tener conversaciones productivas con la gente irracional, en vez de solamente intercambiar monólogos acerca de quién es más ingenuo.

Volviendo a la detección de la pseudociencia, algunas herramientas prácticas que ahorran mucho tiempo son las siguientes, sin orden particular:
Carl Sagan
  • Estudiar lógica: falacias formales e informales. Tan solo con saber cómo reconocer un silogismo válido y algunas de las falacias informales más comunes pueden ser la diferencia entre creer por completo una charlatanería o darse la vuelta.
  • Ley de Sagan: Las declaraciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria. No es lo mismo decir que tengo un perro en mi casa, que decir que tengo un cocodrilo. La "evidencia" que se pida para cada una de estas proposiciones debe estar en proporción su impacto.
  • Técnica de Feynman: pedir que te expliquen sin usar las palabras sofisticadas o que las definan primero (energía, cuántico, epigenética, fuerza, qualia).
  • Navaja de Occam: no complicar las explicaciones más de lo necesario. Antes de proponer una explicación complicada a un problema, hay que comprobar que las explicaciones más sencillas realmente no sean suficientes. (Esto se caricaturiza diciendo que la explicación más sencilla tiende a ser la correcta, pero eso es entender mal la Navaja.)
  • Navaja de Hanlon: no atribuir a la malicia lo que se explica mejor por la incompetencia (es un caso particular de la Navaja de Occam). Ser un conspirador perverso es difícil: requiere malicia, intención, planeación, muchas mentiras, sobornos y múltiples crímenes y cómplices. Pero ser idiota es muy fácil para la mayoría de la gente, y especialmente cuando están en posiciones de poder.
  • Hacerte amigo de un experto. De veras, hay mucha gente (¡sobre todo estudiantes de posgrado y recién doctorados!) que realmente sabe cosas y estaría feliz de sentir que es de utilidad para alguien en el mundo real. Contactarlos es fácil a través de las páginas de muchas universidades y uno que otro blog.
A continuación haré un breve recuento de algunos ejemplos de la deshonestidad intelectual en acción en casos concretos. Esta no pretende ser una lista exhaustiva de pseudociencias ni los errores que cometen, sino una muestra ilustrativa de casos fáciles típicos. 

Ejemplo 1: falta de evidencia rigurosa

Mencionamos arriba los estudios controlados. Estos se refieren a "experimentos" donde se pone a prueba un tratamiento para algún mal, pero manteniendo distintos grupos de pacientes que saben distintas cosas acerca del tratamiento, y dando tratamientos distintos pero que parecen iguales. Por ejemplo, si quisiéramos poner a prueba un tratamiento homeopático, distribuiríamos entre un grupo grande de pacientes una mezcla de remedios genuinos y falsos, pero sin decirle a los participantes cuál es cuál. Podemos agregar más rigor si evitamos decirle a los doctores cuál es cuál también, identificando a cada paciente y cada botellita de chochos solo por un número. Si existe un efecto terapéutico verdadero, los pacientes que recibieron los tratamientos genuinos mostrarán mejorías estadísticamente significativas. Este tipo de estudios, en los que ni los participantes ni los ejecutores saben cuál tratamiento es genuino y cuál es inerte se llaman estudios de doble control.

Fuente

Fuente
Las pseudociencias médicas como la homeopatía y la acupuntura siempre fallan cuando estos estudios se ejecutan de manera rigurosa por grupos de investigación competentes. 

Ejemplo 2: marcos teóricos incoherentes

Algunas ciencias han avanzando tanto que se han alejado por completo de lo que a uno le pareciera intuitivo. Sin embargo, frecuentemente el problema es que los humanos simplemente no somos muy buenos para razonar y, por lo tanto, nuestras intuiciones realmente no son muy confiables. Pero hay casos de ideas transparentemente incoherentes que son así no por la sofisticación, sino por la incompetencia de quienes las crearon. La homeopatía es uno de estos casos, en las que un charlatán bien intencionado en el siglo XIX se sacó de la manga que 
  1. Lo similar cura a lo similar.
  2. Las concentraciones diluídas son las más potentes.
No se ofreció ningún razonamiento para ninguna de estas dos proposiciones, y hasta la fecha no existe ningún mecanismo físico plausible para cualquiera de las dos. Más bien, son contradecidas por la física y química bien establecidas, que son las competentes para estudiar los fenómenos microscópicos que se verían involucrados. No solamente hay una carencia de estudios que demuestren que la homeopatía funcione—es que literalmente todos los experimentos hechos en la física y química hasta ahora la contradicen. Para un resumen reciente de estos resultados pueden ver aquí.

Ejemplo 3: apropiación inepta de Ciencia legítima

Esto sucede cuando ideas y términos científicos son utilizados de manera incompetente: magnetismo, energía, física cuántica, relatividad, genética...
Deepak Chopra, culpable de los puntos 1 y 2.

Generalmente sigue alguno de dos patrones de razonamiento espurio:
  1. Yo creo X, que me es misterioso. La mecánica cuántica me es misteriosa también. Entonces, han de ser lo mismo.
  2. Nadie le creía a Einstein. Nadie me cree a mí. Por lo tanto, soy como Einstein.
La técnica de Feynman descrita arriba es una manera efectiva de desenmascarar a charlatanes que usan este tipo de tácticas. Siempre que se usen tecnicismos de cualquier tipo por alguien que te quiere vender algo hay que investigar qué significan y, de ser posible, preguntarle a un experto (los autores de libros de autoayuda son expertos solamente en separar a la gente tonta de su dinero).

Ejemplo 4: Falacia naturalista

Lo siento, pero lo natural en general no es bueno. La Naturaleza está llena de bichos, inundaciones, terremotos y hasta plantas venenosas que te van a matar. Los avances de la medicina moderna han sido gracias a interrupciones del orden natural de las cosas y no de su cumplimiento. Uno no puede, a partir de cómo son las cosas, deducir como deberían ser. Un ejemplo de esta falacia en acción es toda la industria de alimentos orgánicos, que se dedica a vender productos menos nutritivos a mayores precios con el pretexto de que la biotecnología es malévola. Si quieren saber más, escribí un artículo bastante detallado sobre ese tema también.

Ejemplo 5: Estándares deliberadamente bajos

Las revistas arbitradas y los estudios controlados presentan obstáculos insuperables para la charlatanería común. La solución de los científicos impostores a este problema es sencilla: hacer sus propias publicaciones de sus propios estudios, evaluados por sus propios expertos falsos. Cuando se les exige que demuestren evidencia de que sus tratamientos funcionan, se citan a sí mismos:



Ni siquiera pueden publicar en Wikipedia, que ha logrado imponer estándares relativamente altos para las referencias permitidas en sus artículos. Ante una petición por parte de un grupo de Psicología Energética de permitirles usar sus propias fuentes, el director de Wikipedia, Jimmy Wales, les respondió tajantemente que no permitiría charlatanería en su sitio:


Ejemplo 5: Incomprensión del efecto placebo

Mencioné antes los remedios "inertes" usados en los estudios controlados. Estos remedios son técnicamente conocidos como placebos, y son sustancias que se sabe de antemano son inertes y no tienen ningún efecto terapéutico (pueden ser agua, pastillas de almidón sin nada, o chochos). Se administran para poder diferenciar los efectos curativos reales de muchos otros fenómenos que, en su conjunto, se conocen como efecto placebo.

El efecto placebo es una mejoría medible, observable o percibida en la salud o comportamiento que no se puede atribuir al tratamiento que se ha aplicado.

¡No es "mente sobre cuerpo"! Puede deberse a un sinnúmero de razones: un mal diagnóstico inicial, regresión a un estado "menos peor", condiciones que varían o mejoran por sí solas (dolores de cabeza, ansiedad), variabilidad en cómo la gente se evalúa a sí misma, y muchas cosas más. Si un estudio concluye que el efecto de un tratamiento es igual al de un placebo, eso es un resultado negativo, pues significa que no hay ningún efecto aparte de las condiciones azarosas que siempre se dan.  La gente realmente se siente mejor, pero no se debe al tratamiento.

Yo lo explicaría así: si algo funciona solo cuando te engañas a ti mismo, es porque no funciona.

*   *   *

La lista de impostores de la ciencia es larga y las formas de defraudar a otros y a uno mismo son incontables. Detectar la pseudociencia no es un ejercicio meramente académico: la gente gasta dinero y, en ocasiones, puede inclusive morir por utilizar tratamientos falsos (El sitio What's the harm? documenta casos de gente, incluyendo niños, que ha muerto por usar homeopatía en vez de tratamientos establecidos). Además, nos encontramos ante "expertos" que abogan por cómo nos deberíamos alimentar, o cómo resolver problemas existenciales como el calentamiento global (algunos simplemente niegan que haya algo por resolver). Afortunadamente, muchos casos particulares de pseudociencia son de fácil diagnóstico, si estamos preparados para admitir cuando estamos equivocados.

*   *   *
Algunos recursos:


Un debate útil para ver el choque entre la razón y la charlatanería es este, donde Sam Harris y Michael Shermer educan a Deepak Chopra y una Jean Houston:



ACTUALIZACIÓN 17 de julio de 2017: la charla salió bien y nuevamente quedé sorprendido por el número de personas que están interesadas y educadas acerca de estos temas. Hubo un caballero que jugó la carta del "¿y qué hay del amor y la espiritualidad?", pero el intercambio se mantuvo relativamente civil. Corregí algunos errores de dedo y redacción en el artículo y agregué uno que otro enlace.

lunes, 10 de abril de 2017

El Centro de la Herradura: Un Manifiesto (A)Político

(2:52) A veces me refiero al mítico lugar conocido como el Polo Izquierdo. Igual que estando en el Polo Norte todas las direcciones son hacia el Sur, el Polo Izquierdo es el punto a partir del cual todas las direcciones son la Derecha. Toda opinión que no cumpla con esta ortodoxia es calificada de derechista, incluyendo personas que, por ninguna contorsión de la imaginación, pudieran ser ideólogos de cualquier tipo, mucho menos de derecha... (Steven Pinker)
Siempre he sido un tanto raro y de posiciones minoritarias. He tenido una cierta conciencia política, por así llamarla, desde que recuerdo. En casa mi familia tenía montones de enciclopedias y libros, y pasaba los fines de semana y buena parte de mis vacaciones leyendo todo lo que pudiera, aunque muchas cosas no las entendiera. Aún así no me rendía, y eventualmente regresaba a ciertos textos a hacer un segundo, tercer o enésimo intento de comprender y asimilar. Uno de estos libros fue una versión abreviada de El Capital de Marx. Inicialmente no tenía mucha curiosidad en tratar de leerlo, pero recuerdo que, si se mencionaba en los medios o quizá en una clase de historia en la escuela, parecía haber cierto tono despectivo hacia él (estuve en un colegio muy pirruris que se suponía era muy diverso y liberal, pero en la práctica era de gente rica de visión centro-derecha). Siendo de por sí el misántropo contrariador que siempre he sido, decidí que, si la mayoría de la gente despreciaba o incomprendía a Marx, quizá era un tipo que me agradaría.

No llegué muy lejos con El Capital a pesar de muchos intentos, pero me bastó para motivarme y buscar otras maneras de compensar por ello.  Juntando piezas de otras fuentes como enciclopedias y libros de historia que sí podía leer, logré darme una idea de lo que se supone que estaba en los escritos de Marx. La lucha de clases y el materialismo dialéctico me parecían temas remotos, pero para un ateo en la secundaria "la religión es el opio del pueblo" era una frase irresistible y me empapé lo más que pude de ellos, al menos para lo que puede hacer un muchacho de secundaria o prepa. Algunos años más tarde sí logré leer El Capital (de nuevo, una versión abreviada) y algunos ensayos de Marx en colecciones y antologías, y hasta entendí algunas cosas.

Llegué a la adultez joven con puntos firmemente "de izquierda" que, en el nivel de educación superior privada, resultaron ser más comunes aún si no fueran dominantes (cabe señalar que la educación universitaria privada en Guadalajara está sumamente polarizada entre instituciones de extrema derecha religiosa como la UP y la UAG, y de izquierda blanda como el ITESO, donde yo estuve). Para entonces mi visión política ya era relativamente firme, e incluía prácticamente todo el "paquete completo" de la agenda que pudiera llamarse "de izquierda". Como (obviamente) los medios tradicionales estaban al servicio del poder, optaba por informarme en medios nuevos, que en aquel entonces eran Democracy Now, The Young Turks y los inicios de la cadena rusa RT. Para mí, la idea de un buen fin de semana, aparte de leer y quizá jugar basquet, era ver horas y horas de charlas y debates con Noam Chomsky, Tariq Ali y Alexander Cockburn, entre otros.

Y luego llegó el movimiento—si pudiera llamársele así—del Nuevo Ateísmo por ahí de 2007 o 2008. La otra gran constante de mi vida como persona "rara" en Guadalajara era mi completo desprecio a la religión, y en la época dorada de YouTube era natural que me encontrara con Christopher Hitchens, Sam Harris, Richard Dawkins y Daniel Dennett por todos lados, y eventualmente seguí sus trabajos más allá de la crítica de la religión y hacia la ciencia y la política. Y ahí empezó la fricción y la disonancia cognitiva en mi cabeza.

Recuerdo bien el momento: fue en una charla que dio Chomsky. Alguien le hizo una pregunta al final, acerca del Nuevo Ateísmo. Y la respuesta de Chomsky fue, por ponerlo francamente, completamente abismal:


(02:00) Creo que son fanáticos religiosos. Ellos [Hitchens y Harris] creen en la religión del estado, que es la más peligrosa. Ellos son defensores de la religión del estado, esto es, la religión de que hay que apoyar la violencia y las atrocidades de nuestro propio estado porque se está haciendo por maravillosas razones, que es lo que se hace en cualquier estado y eso es solo otra religión, la religión de que los mercados saben qué hacer. No es algo a lo que le uno le reza cada semana, pero es otra religión y es muy destructivo. 
Ahora veo tantas cosas tan equivocadas en esa declaración y otras parecidas que he escuchado de Chomsky, que me llevaría otro artículo completo explicar cada una. En fin, lo que sí sabía en ese momento era que decir que el ateísmo o el activismo laicista es solo otra religión es una declaración profundamente estúpida que no haría alguien que supiera inclusive lo más básico del tema, y acusar a Hitchens o Harris de tener al estado como su religión era ridículo. Entonces pensé que, si Chomsky estaba tan perdido en este tema, ¿en qué otras cosas estará también completamente perdido? ¿Qué decía eso del liderazgo intelectual de la Izquierda? ¿Si Harris y Dawkins se identificaban as sí mismos como liberales y progresistas, y Hitchens repudiaba todo lo que le sonara a conservadurismo, eso dónde dejaba a Chomsky y compañía?  ¿Y todo esto dónde me dejaba a mí, en la guerra ideológica entre lo que (yo pensaba) hubiera sido una alianza natural entre fuerzas progresistas y escépticas? Poco a poco busqué otras maneras de informarme, valoré la opinión de otros expertos cada vez más, y busqué puntos de vista que no fueran simplemente gritarle "neoliberal" a todos los que tuvieran opiniones contrarias a la ortodoxia del Polo Izquierdo. Cuando empezó la guerra de artículos directa entre Hitchens y Chomsky, y después del (fallido) diálogo entre Harris y Chomsky, ya me consideraba apartado del Polo Izquierdo, pero al menos todavía estaba en el mismo hemisferio.
Actualmente politicalcompass.org me ubica en el punto rojo, firmemente en el cuadrante de Izquierda Liberal junto a Bernie Sanders.
En la práctica, si hago un recuento de mis posiciones en diversos temas, yo pensaría que todavía estoy en ese Hemisferio Izquierdo, cerca del Polo (véase la imagen de arriba). Pero me encuentro con que la gente que se dice pertenecer a él tiene una serie de posiciones inconsistentes que me hacen dudar si ese lugar siquiera existe, a pesar de ser una analogía tan útil. Por ejemplo, una posición popular en círculos de izquierda es la oposición al imperialismo. Bien por ellos. Entonces, pensaría yo, estarán en contra de la ocupación militar de un país por parte de otro a través de varias décadas, ¿cierto? Pero no, no estoy hablando de Palestina. Estoy hablando de Chipre, que ha estado bajo ocupación militar por parte de Turquía desde 1974, con todo y atrocidades y asentamientos ilegales. Curiosamente, resulta que en el polo izquierdo ni siquiera pueden ubicar a Chipre en un mapa (dudo que puedan ubicar a Israel tampoco, ya que andamos en eso). Cuando uno les explica la situación ahí, se encogen de hombros y balbucean tarugadas posmodernistas contra el colonialismo, pero solo el colonialismo blanco. Quizá piensan que el imperio Otomano, que se extendió de Iraq hasta Marruecos, creció gracias a su sabrosa cocina.

También estoy opuesto a la intervención de países que quieren extraer los recursos naturales de otros por la fuerza, inclusive llegando a masacrar o desalojar a los habitantes, o instigando guerras civiles entre la población mientras extraen todo el petróleo que pueden. Naturalmente, estoy hablando de la intervención de China en Balochistán, región minera paquistaní de donde los pobladores han estado siendo expulsados por el ejército paquistaní comprado por Beijing, al mismo tiempo del pillaje militarizado del petróleo de Sudán por los mismos chinos. (¿No era precisamente lo que esperaba, lector del Polo Izquierdo?) De nuevo, ante esto los hippies pacifistas están en silencio en el mejor de los casos.

(Por cierto, en ambas de estas posturas me he encontrado con que la consistencia en el apoyo a los valores democráticos y el respeto por la evidencia me han llevado a tener posiciones completamente contrarias a las de los habitantes del Polo en cuanto a Israel y EU, pero creo que eso lo explicaré en otro(s) artículo(s). Basta con decir por ahora que para mí la consistencia y los hechos parecen ser mucho más importantes que para los habitantes de esas latitudes.)

Todavía me faltan dos o tres más por leer.

La lectura de Christopher Hitchens en particular me llevó a expandir mi idea de lo que pudiera ser una visión política consistente, a favor de valores democráticos y sin relativismo moral de ningún tipo. Hitchens ha sido criticado por supuestamente pasarse de la izquierda al bando de los neoconservadores, cuando realmente lo único que pasó fue que se mantuvo consistente en sus valores pluralistas y ellos no. Si uno se opone a las dictaduras, pues se opone a todas, no solamente las que son respaldadas por ciertos gobiernos y no por otros. No poder intervenir en todos los desastres humanitarios no significa que no se deba intervenir en ninguno, y la no-intervención siempre favorece a los represores. El uso de la fuerza tiene su lugar. Si no me creen, pregúntenle a los miles de musulmanes salvados por la intervención de la OTAN en Bosnia en 1995, o al millón de Tutsis masacrados a machetazos en un menos de un mes en Ruanda cuando nadie intervino apenas un año antes.

A propósito de este último punto también he notado que el Polo Izquierdo, tanto nacional como internacional, se ha unido con el Polo Derecho en su apoyo a regímenes autoritarios (Castro, Assad, Putin), siempre que se perciban como opuestos a occidente. (¿Cómo se sienten los habitantes de estos dos polos de estar luchando lado a lado?) Esto me lleva a la teoría política de la herradura, en la cuál la exrema izquierda y derecha tienen puntos de vista más cercanos que la izquierda y derecha tradicionales y sobre todo más apartados del centro. En vez de pensar en la política como un espectro lineal que va de izquierda a derecha pasando por el centro, este espectro se dobla y los extremos se encuentran:

El deseo de "derrocal al sistema", las teorías de conspiración, el antisemitismo, el apoyo a dictadores asesinos y la falta de cultura histórica y política en general une a hippies y neonazis. No estoy diciendo que unos sean moralmente equivalentes unos a los otros, pero en muchos temas sí creen y quieren casi lo mismo. Y si lograran sus objetivos, los hippies relativistas serían los primeros fusilados por los fascistas.

Ahora, no soy un centrista en el sentido de que vea a la posición de extrema izquierda, luego a la de derecha, y concluya que la respuesta por lo tanto debe estar en el punto medio. A veces los puntos de vista extremos son los correctos, y lo que es extremo y moderado cambia con el tiempo. Hace cien años era una posición extrema abogar por el voto para las mujeres, por ejemplo. Pero me rehuso a pensar en términos de paquetes ideológicos "todo incluido" donde posturas completamente independientes se amontonen en una sola visión, supuestamente coherente. Por ejemplo, si yo sé la posición de alguien en torno a los transgénicos, eso no me debería decir nada acerca de lo que piensan acerca de la intervención militar. Y sin embargo, consistentemente la gente que se opone a lo primero siempre se opone felizmente a lo segundo también. Dejando de lado si tienen razón o no, esto demuestra que la gente tiende a pensar en grupo, en vez de simplemente pensar.

El mundo es más complicado de lo que cabe en un solo paquete ideológico "todo incluido", ya sea socialismo, capitalismo laissez faire, fascismo, anarquismo o lo que sea. En la medida posible, trato de ver cada cuestión política o social en aislamiento y ver los argumentos a favor y en contra, y considerar la evidencia que respalda a cada uno. A veces hay conflictos con buenos y malos bien definidos, y a veces no. Marx tenía la razón en algunas cosas, y en otras no. A veces el libre mercado es la solución, y a veces no.  Por ejemplo, el socialismo, entendido como la toma del control de los medios de producción por el estado, nunca ha funcionado ni funcionará. (Si considera que tengo que poner una referencia para este hecho, usted realmente está perdido, estimado lector.) Por otro lado, los países que tienen sistemas de salud socializados (esto es, pagados con impuestos de todos con el gobierno como un ejecutor) tienen mejores resultados y a menor costo que los que tienen solamente el libre mercado de aseguradoras privadas (EUA, pues).
No estoy de acuerdo con todos en la izquierda o la derecha. Solo quiero ver un gobierno que promueva la igualdad y el avance científico.

Quizá tenga una ventaja en cuanto a que, por mi carácter misántropo esquizoide, el gusto que me da quedar bien con cualquier persona o grupo siempre es menor que el gusto que me da tener la razón, o al menos el gusto de buscar tenerla honestamente. Pero este no es el caso con otras personas, y la lealtad a la tribu, sea la que sea, parece siempre tomar precedencia sobre lo que debería ser lo más importante: la búsqueda de la verdad con tal de hacer lo correcto. Supongo que eso pudiera ser una especie de eslógan útil para describirme, aunque suena un tanto soberbio (de nuevo, no soy relativista, pero estoy bien consciente de cómo le sonaría a un relativista, y es lo primero que van a decir). Pensé en el término "realismo", pero ya está saturado en todas las áreas de conocimiento humano y de nuevo promueve la falsa impresión de que pretendo tener todas las respuestas, así que eso no mejora la situación. Así que lo mejor que se me ocurre es volver a la teoría de la herradura política y ubicarme en el centro, pero así:
Como dice el dicho: Si la política no te interesa, de todos modos tú le interesas a la política. Más vale entenderla como realmente es, y no como uno quisiera que fuera.

sábado, 4 de marzo de 2017

Autoridad y Escepticismo

por Daniel Dennett


Hay un culto de la ignorancia en Estados Unidos1, y siempre lo ha habido. La sepa de anti-intelectualismo ha sido un hilo constante envuelto a través de nuestra vida cultural y política, nutrida por la noción falsa de que democracia significa que 'mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento'.

—Isaac Asimov

Cuando era niño, las conversaciones alrededor de la cena en nuestra casa eran especialmente vigorosas y apasionadas (esto lo aprendí cuando descubrí que debía ajustar mi disposición cuando era huésped en otros hogares). Cuando surgían puntos de desacuerdo empírico, esto desataba el único causal para ser disculpado de la mesa en medio de la cena: ir a buscar la respuesta en la World Book Encyclopedia.

Recuerdo con viveza muchas ocasiones el regresar triunfantemente a la mesa, con el corpulento volumen azul en mano, para citar mi vindicación, y ajustarme con la misma viveza a las otras ocasiones en las que concedí la derrota. Estaba equivocado, y así lo decía justo ahí en el World Book. La pregunta de qué tan seguido pudiera el mismo World Book estar equivocado rara vez surgía, pero era reconocida como posible.

¿A dónde voltearían los adultos de hoy para decidir desacuerdos similares? Uno de los efectos secundarios no deseados de la generalmente maravillosa democratización del conocimiento a la que ha dado pie la era del Internet es que estamos perdiendo el consenso acerca de qué consultar al momento de decidir una apuesta. Las fuentes de información que son mutuamente reconocidas como confiables—no perfectas, pero confiables—son atributos muy útiles para una sociedad. Si en el pasado hemos sido demasiado sumisos en la cara de autoridades epistémicas, ahora nos arriesgamos a caer demasiado en la otra dirección y convertirnos en escépticos reflexivos multipropósito. El escepticismo2 parejo frecuentemente se agria y resulta en cinismo3 y, mientras que un puñado de cínicos tolerados en una sociedad es probablemente sano, cuando el cinismo se convierte en una pandemia puede chupar el entusiasmo de la gente y amenazar la seguridad y coordinación que permiten que opere una sociedad libre. Lo que la gente tiende a olvidar es que el escepticismo de todo es demasiado fácil, una faena que deshabilita la confianza y hace más difícil la acción decisiva basada en información común.

Nosotros los escépticos jugamos el papel importante de vigilar el ambiente epistémico, desyerbando las falsedades y mitos, y exponiendo a los charlatanes y propagandistas, pero no podemos hacer eso efectivamente sin respaldar e ilustrar el contraste entre estos productos inferiores y tóxicos contra los métodos y (uso el término aconsejadamente) la autoridad de la investigación bien hecha. ¿Significa que el escéptico es algún tipo de autoritario? ¿Algún tipo de elitista? Sí. El buen tipo. La meritocracia tiene su lugar, y las mejores prácticas son (usualmente) identificadas como las mejores prácticas. No debemos ser intimidados por el coro de creyentes oh-qué-modernos (y postmodernos) hacia una democracia epistémica donde se denuncia la categoría de experto, reemplazando la diferencia entre aficionados y profesionales con un relativismo perezoso que rechaza tomar bandos.

¿Cómo deberíamos defender nuestra aceptación de autoridades cuando nos encontramos con los murmullos desaprobatorios—a veces aumentan a rugidos—de la vox populi? Cuidadosamente. Debemos caminar sobre la soga tendida entre la impaciencia apropiada para la celebración de la ignorancia por un lado, y la apertura mental por el otro, tal que las patrañas sean concedidas cierto "respeto" que en todo caso solo sea simbólico. Como cuando se califica con una curva, el respeto políticamente correcto para todos los puntos de vista amenaza el control de calidad en el pensamiento del que la sociedad moderna tanto depende, por ponerlo directamente. No todos los puntos de vista son igualmente "válidos". Una táctica efectiva es señalar que estos hiper-igualitarios no dejan sus cirugías en manos de aficionados, o profesionales novatos siquiera, y se llenan de indignación si se enteran que alguien ha cometido un error en el diseño de su auto o al aconsejarles cómo llenar su declaración de impuestos. No se conforman con nada menos que los expertos cuando se trata de asuntos de su salud, seguridad y comodidad. Deberían aplicar la misma consistencia para honrar la pericia en otros ámbitos también. Además, cuando encuentran los lapsos y pifias en la ciencia, invariablemente citan los controles de calidad de la ciencia misma, que es la institución más autocrítica que el mundo haya conocido. Eso debería ser suficiente (aunque rara vez lo es).

Traducción: Héctor Mata
Texto original aquí.

*   *   *

Notas HM:

  1. Me atrevo a decir que este culto a la ignorancia es generalizado y en México es aún mayor que en EU. La cita la escogí yo y no aparece en el artículo original de Dennett.
  2. El sentido en el que Dennett usa el término 'escepticismo' aquí es el de dudar por dudar, que en general no es el sentido en que la mayoría de los escépticos modernos lo usa, que es creer en proporción a la evidencia. Bajo esta última definición, los 'escépticos' de la vacunación, cambio climático, evolución o transgénicos son más bien negacionistas, pues hay una cantidad abrumadora de evidencia en contra de sus posiciones. Dennett conoce esta distinción bien, pero quizá aquí trató de apelar a un público más amplio, que en general entiende el escepticismo solo en la versión anticuada.
  3. No encuentro una traducción adecuada en una sola palabra para el inglés cynicism, que es un pesimismo y desconfianza generalizada acerca de la naturaleza humana. En español significa algo más bien como descaro o falta de vergüenza. Opté por dejarlo como estaba y poner esta nota al final.

jueves, 23 de febrero de 2017

Quizás tú me cargues a mí algún día

Cuando entro en el cuarto todo está oscuro y en silencio. Vacío mis bolsillos de llaves, audífonos y monedas, y dejo mi celular sobre el buró. Cuando termino mis ojos están casi completamente ajustados a la oscuridad y puedo discernir dos figuras acostadas en la cama, acurrucadas. Una de esas es tu mamá y la otra eres tú, Óscar, con dos y medio años de edad al momento que escribo esto. Me muevo lo más silenciosamente que puedo para no molestar a tu madre, me las ingenio para rodearte con mis brazos, jalo, y te arranco de ella. Usualmente dejas salir un gemido o un suspiro, pero no despiertas. Lentamente, te cargo a lo largo del pasillo hasta tu cuarto y te deposito en tu cama, pongo tu osito blanco en tus brazos, te cobijo, y salgo del cuarto sigilosamente. Por los últimos dos años, este ritual se ha repetido en muchas noches.
Y es un tipo de ritual, créeme. Cada vez que te dejo en la cama paso por los mismos pensamientos: que, aunque la paternidad ha sido muy difícil para mí, ya que mi tiempo ha sido, digamos, severamente reasignado a cosas que preferiría no hacer, atesoro esos pasos entre una recámara y la otra. Verás, alguna vez hace muchos años oí a mi propia mamá decir que los niños eran maravillosos, "pero solo cuando están chiquitos," y que uno debía disfrutarlos durante ese periodo. No recuerdo qué edad tenía en ese momento, pero creo que ya era adolescente. No entendí lo que dijo e inclusive lo encontré ridículo, pues me era obvio que los niños chiquitos eran insoportables. En general, ahora que tengo uno, creo que yo tenía razón. Lo siento. La paternidad no es para todos, y los misántropos esquizoides como yo somos menos miserables cuando estamos solos y, especialmente, lejos de niños pequeños. Pero cuando te llevo a lo largo de esa docena de pasos y te acuesto, siento que mi mamá tal vez no andaba tan perdida. Me digo a mí mismo que, quizá, sostener a esta criaturita en mis brazos no está tan mal.
Hay algunas veces a la semana que me tomas de la mano o me llamas a gritos, pero por cada una de ellas hay al menos un par de veces más en las que me alejas y llamas a tu madre, o a una de tus tías, o inclusive a tu abuela (mi propia madre, pues). No me siento mal, porque sé lo que se siente estar seguro con mamá, y nunca te responsabilizo de estos rechazos—¡después de todo, tienes dos años! Pero por las noches cuando te llevo a dormir, por el minuto que dura el procedimiento, te acurrucas contra mí y pareces contento de estar dormido en mis brazos. No hay otra sensación como esa en el mundo: un gentil recordatorio de que soy un proveedor para alguien o al menos soy un protector temporal de sueños. Cada noche que hago esto (como lo haré en unos minutos más) pienso "esto es lo que quiso decir mamá."
Como ya dije, hay algunas veces que me apartas y pides a alguien más, casi siempre tu mamá. Esta mañana, por ejemplo, despertaste llorando mientras nos preparábamos para salir de la casa y dejarte en casa de tu tía. Mamá estaba en la ducha y fui yo el que llegó a tu cuarto, pero me dijiste que me fuera. "¡Vete paya allá!" gritaste, "¡Noooooo!¡Vete allá, yo queyo mi mamá!". Traté de calmarte, pero te pusiste peor. Tu madre escuchó la conmoción, se apuró lo más que pudo y llegó a tu rescate.
A medida que crezcas te apartarás de más maneras, no solo de mí, sino de tu madre también. Esto es normal e inclusive sano. Todavía no estas a la edad en la que yo sea un superhéroe para ti, pero la alcanzarás y luego la dejarás atrás también. Lo sé porque yo ya pasé por eso con tu abuelo. Sobra decir que para cuando llegue ese momento ya no te estaré cargando para nada, ni nunca más. Se supone que crecer debe ser así, en cierto modo. La paternidad es la administración de tu apartamiento de tu madre y de mí, con la esperanza de que al final acabes bien.
Si todo sale bien, serás tú quien me cargue a mí al final, tal vez literalmente. No estaré aquí para siempre, y así es como debería ser. Para que los jóvenes alcancen la madurez, los viejos tienen que quitarse del camino en algún punto. Si tenemos éxito en esto de ser papás, tu madre y yo seremos separados de ti, de manera definitiva e independiente de lo que queramos, antes de que tú seas separado de nosotros. Es en esos momentos, cuando tú me cargues y me acuestes a mí, que espero que haber sido mi hijo no haya estado tan mal después de todo.



(Versión en inglés original aquí)

viernes, 27 de enero de 2017

Ciencia y Religión: Irreconciliables


Hace unos días tuve la fortuna de dar una plática sobre la (in)compatibilidad de la ciencia y la religión en el Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM) de la Universidad de Guadalajara. Dentro de una alineación de científicos y divulgadores de distintas disciplinas invitados para los Viernes de Ciencia, yo fui el primer expositor del año y elegí el tema más provocativo, aunque a mí me parece relativamente sencillo. Decidí que, si presentaba algo más moderado y nunca me volvieran a invitar, habría desperdiciado la oportunidad de hablar de algo más impactante y, creo yo, más importante. Entonces, cuando el organizador de las pláticas me invitó, decidí desquitar la ocasión lo mejor que pude.

Lo siguiente es una versión escrita de mi exposición, básicamente transcrita diapositiva por diapositva. Procuré utilizar una referencia para cada dato que presenté, y un artículo en internet se presta más para compartir estos datos de manera más práctica que escribirlos en letras chiquitas que la gente debe leer en el proyector. Además, tengo la ventaja al escribir de que puedo pensar mejor lo que voy a decir y no tropezarme con mis propias palabras. Si prefieren una versión en video/audio de la charla, al final de este texto la encontrarán también.

Antes de empezar, siento que debo aprovechar para hacer algunos comentarios post-mortem sobre la plática. Primero, los organizadores (en particular el Dr. Alejandro Márquez Lugo) merecen reconocimiento por dar difusión al ciclo de pláticas como no había visto antes en los Viernes de Ciencia. De hecho, la combinación de este esfuerzo junto con el atractivo del tema provocó que, lamentablemente, mucha gente no alcanzara lugar en el auditorio y se quedaran afuera o se fueran (este texto es en parte una forma de compensación por ello). Segundo, el público fue sumamente receptivo y, por un sondeo que hice al principio, estaba muy dividido entre creyentes y no creyentes, así como compatibilistas y no compatibilistas. Dije cosas que estoy seguro muchos nunca habían oído decir antes, o al menos no en voz alta frente a un público dividido. Aún con la polarización, el ambiente fue relajado y cordial, y algunos hasta se rieron de mis malos chistes. La (breve) sesión de preguntas también fue completamente civil, lo que habla bien de la calidad discursiva de los asistentes. Finalmente, aunque no tengo ilusiones de haber persuadido a muchos asistentes, quedo tranquilo de al menos no haber hecho daño a la causa. Comencemos:

La dificultad inherente de la ciencia

Introducción


Para empezar, quisiera dejar en claro a qué me voy a referir por ciencia y religión en lo que sigue. Para propósitos prácticos y de neutralidad, adopté las siguientes definiciones del diccionario de la RAE:
  • Ciencia: Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.
  • Religión: Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.
  • Compatibilidad: Dicho de una persona o de una cosa: Que puede estar, funcionar o coexistir sin impedimento con otra.
Inmediatamente saltan a la vista las zonas de conflicto: el razonamiento contra el dogma; lo comprobable con lo divino; la coexistencia y los impedimentos. Basándome solamente en las definiciones, yo diría que los argumentos a favor de la compatiblidad entre ciencia y religión tienen una barrera muy alta que superar: esta barrera es lo obvio.

Antes de presentar los argumentos que intentan superar esta barrera (y refutarlos), quisiera hacer un breve recuento de ejemplos representativos de ciencia y religión en oposición directa:
Giordano Bruno
  • Giordano Bruno: Abogó por un copernicanismo más general proponiendo que las estrellas eran soles distantes que pudieran tener sus propios mundos, y que si el universo fuera infinito no tendría sentido hablar de que tuviera un centro.  Hoy cada una de esas ideas es científicamente trivial, pero él murió quemado en la hoguera por decirlas y rechazar retractarse.
  • Galileo Galilei: Quizá el ejemplo más famoso, continuó la expansión del modelo de Copérnico pero agregando también, crucialmente, la observación de los astros. A diferencia del énfasis que había antes en tratar de describir la realidad a priori mediante la reflexión y la teología, Galileo se tomó la molestia de voltear a ver la realidad en vez de solo pensar sobre ella. En respuesta, fue condenado a arresto domiciliario por la misma iglesia que quemó antes a Bruno.
  • Charles Darwin/Evolución: el núcleo de la biología es la idea más corrosiva que ha habido para las religiones, pues demuestra cómo las especies descienden de un ancestro común y explica los mecanismos para ello en términos completamente naturales. Antes de Darwin, inclusive los ateos más convencidos dudaban al ser cuestionados sobre el origen del (aparente) diseño de las especies. Desde entonces, las alternativas sobrenaturales se han quedado mordiendo el polvo con cada fósil y cada secuencia de ADN secuenciada.
  • Mormonismo: de tantos ejemplos de ideas absurdas propuestas por religiones y directamente contradecidas por la ciencia, creo que este es el más sobresaliente. Los pueblos indígenas de las Américas cruzaron por el estrecho de Bering, resultando en la ya comprobada descendencia asiática de los indígenas americanos. Esto no lo supo el charlatán Joseph Smith cuando formó su propia religión a mediados del siglo XIX y se le hizo fácil proclamar que se le había revelado que los indígenas eran descendientes de una tribu perdida de Israel. A partir de ahí, la idiotez del mormonismo solamente aumenta.
    Cristo visitando a los Mayas (clic para agrandar).
  • Agregado a esto están muchos conocidos debates sociales donde los expertos y los creyentes chocan: matrimonio igualitario, aborto, eutanasia, terapias de fertilización, anticonceptivos, etcétera.


El Contexto de Nuestro Punto de Partida


¿Por qué es que constantemente debemos tener este debate entre ciencia y religión si no hay conflicto? ¿Existe algún debate acerca de la compatibilidad de la religión y, digamos, el deporte o la contaduría? ¿Qué está pasando en las siguientes estadísticas, si no hay ningún problema?

Creencia en Dios (Estados Unidos)
EUA Público Científicos Cient. Élite NAS
Creyentes 83% 33% 23% 7%
Ateos 4% 41% 62% 93%

O en México, cuando el INEGI le pidió su respuesta a la gente a las siguientes declaraciones:

Confiamos demasiado en la fe y muy poco en la ciencia.
Muy de acuerdo De acuerdo En desacuerdo Muy en desacuerdo No sabe
13.0% 59.6% 24.2% 1.3% 1.9%

Y acerca de la evolución:

Todo ser vivo, incluyendo al ser humano, ha evolucionado mediante un proceso de selección natural
23.12%
Todas las especies de seres vivos fueron creadas por un ser supremo33.88%
Ambas son válidas38.86%
Ninguna es válida0.02%
No sabe0.02%
(Ambas tablas vienen de aquí: Encuesta Nacional Sobre Percepción de Ciencia y Tecnología 2011)

En la primer tabla, podemos ver cómo el grado de religiosidad disminuye drásticamente entre los científicos comparado con la población en general en Estados Unidos. ¡En la Academia Nacional de Ciencias (NAS) la proporción de creyentes a no creyentes es prácticamente la inversa de lo que es a nivel general! No conozco estudios como este hechos para científicos en México, pero me imagino un efecto similar. En cuanto a lo que sí pude encontrar en el INEGI, los mexicanos parecen estar divididos en su parecer acerca de la importancia de la ciencia comparada con la fe. Sin embargo, hay un porcentaje importante de personas (72.6%) que concuerdan con que hay que hacer más caso a la ciencia pero, cuando se trata de la ciencia más establecida (como la evolución) la gente que la acepta tal como es baja hasta 23.12%.

Simplemente por las definiciones de ciencia y religión en conjunto con las estadísticas mencionadas arriba, los argumentos a favor de la compatibilidad ya tienen un trabajo difícil. Deben demostrar que los casos paradigmáticos de conflicto que presento en realidad no lo son, o que son excepciones a una realidad más grande que ellos. A continuación presento cuatro argumentos típicos para tratar de reconciliar la ciencia y la religión, así como las fallas en cada uno de ellos.

Argumento #1: Científicos religiosos


Por mucho, este es el argumento más usado para reconciliar fe y ciencia. También es el más perezoso de todos y el más fácil de refutar. Ocurre en alguna forma equivalente a lo siguiente:
La existencia de científicos religiosos demuestra que la ciencia es compatible con la religión.
Francis Collins
Yo mismo puedo dar docenas de ejemplos de científicos, actuales y del pasado, que se encuentran dentro del espectro que pudiéramos llamar creyentes. Dos ejemplos contemporáneos son Francis Collins e Ian Hutchinson. El primero fue director del Instituto Nacional de Salud (NIH en inglés) en Estados Unidos, y antes de eso dirigió el proyecto para secuenciar el genoma humano completo, terminando antes de tiempo y con presupuesto de sobra. El segundo es un físico nuclear, autor y profesor en el Massachussetts Institute of Technology (MIT). Ambos son científicos altamente competentes y, en este caso, cristianos evangélicos.

¿Por qué es este un argumento tan malo? En primer lugar, que ideas o maneras de actuar distintas existan en una sola persona no es señal de la compatibilidad de las mismas, sino de la capacidad de las personas de tener un pensar y actuar seccionado y/o inconsistente. Hay doctores que fuman y profesores de educación física que están obesos por la misma razón. La coexistencia de ideas antagónicas en una persona indica la capacidad de la gente de ser inconsistente, no que las ideas realmente sean compatibles.

Un punto adicional en este argumento que quisiera mencionar es que muchas veces los científicos supuestamente creyentes se adhieren a una visión radicalmente distinta a la de la mayoría de los religiosos. Einstein, por ejemplo, es continuamente citado como un científico creyente, a pesar de haber definido su 'religión' como una sensación de asombro ante el orden y majestuosidad de la naturaleza, a veces conocido como 'panteísmo científico'. En unas ocasiones se distanció del ateísmo, mientras que en otras se definió claramente como ateo o agnóstico. En fin, usarlo como ejemplo de un científico creyente es dudoso en cualquier caso. Dejo el siguiente fragmento de una de sus cartas, respondiendo a un chisme de que un sacerdote jesuita lo había convertido al catolicismo:
Nunca he hablado con un sacerdote jesuita y estoy asombrado por la audacia de decir tales mentiras sobre mí. Para lo que entiende un sacerdote jesuita soy, y siempre he sido, por supuesto, ateo.

Brian, Denis (1996). Einstein: A Life. New York: J. Wiley, p. 344. Einstein's Letter of 2 July 1945
Albert Einstein

Argumento #2: NOMA


Un argumento que hace un poco más de esfuerzo que el anterior y que es el favorito de gente más sofisticada es el NOMA, propuesto por Stephen Jay Gould. Curiosamente, Gould era un biólogo marxista y agnóstico militante, pero en su libro Rocks of Ages (1999) le dio un aire formal a la idea de que la ciencia y la religión son Non-Overlapping Magisteria, o Magisterios que no se Empalman (y que por lo tanto pueden coexistir):

Stephen Jay Gould
La ciencia y la religión son magisterios que no se empalman. Mientras que la ciencia trata con el mundo físico, la religión trata con lo sobrenatural y lo moral.
Una versión alternativa de este argumento es la acusación de cientificismo, que es la idea de que la ciencia tiene límites y no debe salirse de ellos:
La ciencia no puede investigar lo sobrenatural. La ciencia tiene sus límites y si se pasa eso es cientificismo.
Lamentablemente, Gould, que fue él mismo un gran comunicador de la ciencia y en especial de la evolución, murió relativamente joven en 2002; hubiera sido fascinante ver cómo hubiera reaccionado a lo que hoy se dice de su NOMA, a saber:

Las religiones tácitamente no creen en NOMA, pues hacen declaraciones acerca del mundo real y no solamente acerca de metáforas sobrenaturales (recuérdese el ejemplo del mormonismo para un ejemplo claro). Aún si la ciencia tuviera los límites que Gould implica que tiene, la religión es la que continuamente los rebasa para hacer declaraciones acerca del aquí y ahora (yo agregaría que la mayoría de las religiones corrompen la ética y la moral también, pero ese es otro artículo).

Además, las acusaciones de cientificismo son vacías cuando se considera la reacción que tendrían las religiones si, digamos, algún descubrimiento científico confirmara alguno de sus milagros o dogmas. ¿Se imaginan a un clérigo diciéndo "A ver tú, científico, vete para allá, no andes demostrando nuestra religión con tus métodos, eso es cientificismo."? En palabras del filósofo Daniel Dennett, cientificismo es solamente un insulto para la ciencia que no te gusta.

Gould, además, convenientemente definió a la religión como lo que no es ciencia (no como las definiciones de arriba) y pues entonces NOMA es cierto por tautología. ¿Cómo reaccionaría un creyente si Gould le dijera que su religión no trata con el mundo real?

*   *   *

Quisiera abundar en esta visión de que la ciencia no puede poner a prueba a la religión por un momento, porque está profundamente equivocada. Si la religión hace declaraciones acerca de fenómenos que ocurren en el mundo real, pues podríamos detectarlos. Si no fuera así, ¿cómo distinguir entre las cosas que existen pero no se manifiestan, y las cosas que simplemente no existen? Cuando las religiones afirman que hay fuerzas sobrenaturales en acción, implícitamente están diciendo que nuestra física está incompleta, pues supuestamente estas fuerzas actúan en el mundo físico. Pero nunca nos dicen cómo, ni pueden apuntar a las fallas en nuestras ciencias (las fallas están ahí, claro, pero no tienen nada que ver con lo sobrenatural; más sobre esto abajo).

Consideremos el ejemplo de la oración como una manera eficaz de afectar el mundo, supuestamente para bien. En 2006, un equipo de investigadores de Harvard le tomó la palabra a los creyentes y llevó a cabo el Estudio de los Efectos Terapéuticos de la Oración Intercesional, en el que hicieron lo siguiente: siguieron la evolución de pacientes de cirugía de bypass coronario en tres grupos distintos de 600 pacientes cada uno, y asignaron voluntarios para que pidieran por la salud de pacientes de dos de los grupos durante 14 días, dejando solamente un grupo sin oración. De los dos grupos que sí recibieron oraciones, solamente a un grupo se le notificó de esto. Los pacientes fueron monitoreados por 30 días para detectar complicaciones y/o muertes de los pacientes y no hubo diferencia alguna entre los tres grupos —¡salvo una leve tendencia a la baja en los pacientes del grupo que sabía que estaban rezando por ellos! Los investigadores mencionan que, posiblemente, los pacientes que no se mejoran pronto o muestran complicaciones se sienten desmotivados al pensar que dios es justo y quizá no merecen mejorar, a pesar de las oraciones a su favor.  La referencia para este estudio es:

Benson, H. et al., 2006. “Study of the Therapeutic Effects of Intercessory Prayer (STEP) in cardiac bypass patients: A multicenter randomized trial of uncertainty and certainty of receiving intercessory prayer ”, American Heart Journal, 151:934-42. PDF aquí.

Lo que no se puede detectar y lo que no existe se parecen mucho.

*   *   *


Otro ejemplo provechoso de la religión invadiendo el territorio de la ciencia (entiéndase, la realidad) es el de Adán y Eva. Sí, sé que se ha hablado de este tema muchas veces, pero a mi juicio no se le ha sacado el provecho que se podría. Usualmente el debate termina cuando se menciona la evolución, el decenso de todas las especies a partir de un ancestro común, la población mínima de 12,000 humanos hace unos 100,000 años y la relegación de Adán y Eva al mundo meramente simbólico, lo que muchos creyentes (¡ojo que no todos!) son felices de conceder. Pero esto presenta más dificultades de las que inclusive los creyentes más moderados y conciliadores están dispuestos a admitir. Por ejemplo, aún sabiendo todo la anterior, la postura oficial de la Iglesia Católica es que Adán y Eva fueron gente real de algún modo u otro, a pesar de que supuestamente también acepta la evolución (muchos cristianos protestantes también insisten en Adán y Eva, así como casi todos los musulmanes).  Algunas preguntas incómodas que se se me ocurre hacerle a estas personas son:

En el caso de que no hubiera otros humanos, ¿con quiénes se casaron los hijos de Adán y Eva (Caín, Abel y Set todos eran varones)? Si había otros humanos y Adán y Eva fueron especiales o representativos, ¿con qué criterio se les seleccionó a ellos y no a otros, o a todos? Si Adán y Eva descendieron de especies anteriores, ¿el pecado evolucionó junto con ellos? Si es asi, ¿hay una base genética para el pecado? Si no, ¿Dios lo puso ahí a propósito en algún momento con magia, para complicar las cosas? ¿El libre albedrío con el que supuestamente pecaron evolucionó, y presumiblemente otros animales lo poseen también? ¿Los neandertales también pecaban? ¿Cómo se distribuyó el pecado en la población después de que apareció, si no estaba antes y no es genético? ¿Adán y Eva son metáfora? ¿Entonces Cristo murió por una metáfora? ¿Cristo es metáfora también? ¿Cuál es el criterio para decir qué es metáfora y qué no? Si ya tengo el criterio, ¿para qué quiero la metáfora? ¿Y una metáfora representando qué? ¿Cómo distingo una metáfora de algo meramente inventado sin pensar muy bien, o de inventado de forma puramente mitológica desde el principio?

Argumento #3: ¿Relativismo al rescate?


Los argumentos anteriores cubren la mayor parte de los intentos de reconciliar la ciencia y la religión, pero algunas veces los creyentes recurren a tácticas más desesperadas, como simplemente afirmar alguna versión de relativismo como la siguiente:
La ciencia y la religión llegan a distintos tipos de conocimiento de distintas maneras.
A pesar de que no es el argumento más usado, es el que revela dónde está el problema para empezar: no poder distinguir entre conocimiento y superstición. Creo que esta parte del ensayo es la más nutritiva y tiene aplicaciones mucho más allá del tema inmediato.

Conocimiento, para 99.99% de las discusiones que se pudieran tener al respecto, es algo equivalente a creencia justificada y cierta (el 0.01% restante se refiere a los casos de Gettier, pero eso es todo otro artículo y no nos concierne aquí). Uno pudiera preguntarse si hay mejores y peores maneras de llegar al conocimiento. Por ejemplo, si quisiera saber qué hora es, pudiera: 1) ver mi reloj, 2) aplicar trigonometría a las sombras proyectadas por el Sol para deducir la hora 3) lanzar dados, 4) divinar cartas, 5) preguntarle a mi mascota, 5) [ya entendieron el punto].

La ciencia busca el conocimiento a base de un método lógico-deductivo anclado a la evidencia. Procede por la eliminación de ideas que no describen correctamente a la realidad, acumula datos y mejora las explicaciones de esos datos que sí funcionan y luego busca aún más. La religión, por contraste, utiliza la fe. Yo definiría la fe como creer a pesar de lo que indica la razón pero, para no ser acusado de inventar definiciones a mi conveniencia, las tomaré de otro lado:
1. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)
2. Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. (Juan 20:29)
(El énfasis arriba es mío. Para una discusión muy extensa de la fe, véase aquí.) Para terminar pronto, la parte justificada del conocimiento, y que es en la que pone más énfasis la ciencia, está directamente contrapuesta a la parte de no ver en la fe. Es por esto que la fe actúa como una epistemología corrupta, es decir, una teoría del conocimiento fallida.

La fe no es un camino confiable para llegar al conocimiento, pues lo que un creyente afirma en base de la fe puede ser refutado por otro de la misma manera. Como ejemplo, pueden considerar la creencia musulmana de que Mahoma fue el último profeta (murió en 632) con la creencia mormona de que Joseph Smith fue un profeta también (nació en 1805). Estas dos declaraciones no pueden ser ciertas al mismo tiempo y cualquiera lo puede lo ver. Si ambas son sustanciadas en base a la fe (¿y cómo pudieran serlo si no?) no hay manera de decidir quién tiene razón. La fe no es confiable.

Peter Boghossian
En palabras del filósofo Peter Boghossian, tener fe es hacer de cuenta que sabes cosas que no sabes. Eso es deshonesto y, por lo tanto, no es una virtud. Si tienen duda de que los creyentes usan la fe como una forma de conocimiento, consideren sustituir otros significados de la palabra en una proclamación religiosa, como lo siguiente:

Nos gusta pensar que Dios existe. Si todo sale bien, habrá mandado a su Hijo a morir por nuestros pecados. Ojalá algún día esto resulte para nosotros, si entendimos bien, en la vida eterna.

No es lo mismo, ¿verdad? Es decir, cuando alguien dice que tiene fe en algo, está diciendo que se conduce como si supiera que es cierto. El punto es que, como la fe deliberadamente omite la justificación (y ciertamente omite la parte de comprobar que sea cierto lo que se cree) conduce a creencias erróneas que no son conocimiento.

Argumento #4: La Ciencia como otra religión

Todos tienen fe en algo, incluso los científicos. La ciencia es solo otra religión.
Para cuando se usa este argumento usualmente el compatibilista ya ha admitido su derrota, pero vale la pena discutirlo también para ilustrar algunas peculiaridades del pensamiento supersticioso. Primero, se comete la falacia tu quoque, en la que básicamente se concede el argumento pero cambiando de tema, específicamente, a acusar a quien lo hace de ser hipócrita. En este caso, la religión (implícitamente) admite que sus métodos son espurios, pero culpa a la ciencia de hacer lo mismo (¿no que la fe era una virtud?). Basta con ver las definiciones al principio de este ensayo, así como la discusión de la fe arriba, para ver que esta es una acusación ridícula.

La ciencia admite incertidumbre como parte de su método, pero eso es muy distinto a decir que todas las respuestas a una pregunta dada se admitan por igual, por más absurdas que sean. No hay "distintas maneras" de saber: solamente hay saber y no saber. 

"[Entonces ocurre un milagro...]"
"Creo que debes ser más explícito aquí en el paso dos."
Cuando los científicos hacen ciencia, proceden como ateos aunque no lo sean. En la ciencia la fe es algo a evitar, precisamente porque se busca una justificación rigurosa para todo (y de preferencia que pueda comprobarse mediante un experimento). El éxito de la ciencia para entender el mundo se debe explícitamente a que no pretende saber cosas que no sabe y permite la corrección de errores.

La Ciencia Contraataca: Dios es una Mala Teoría


En la ciencia se busca crear explicaciones del mundo a partir de razonamiento y datos empíricos para, si todo sale bien, formular una teoría. En la ciencia, una teoría es una explicación de uno o varios fenómenos naturales, está bien sustanciada, verificada y es consistente consigo misma. No se usa la palabra como sinónimo de una mera especulación, sino como una abreviatura de "las ideas detrás de lo que se observa." Como ejemplo de este uso en otro dominio distinto al de la ciencia, considere el hecho de que los alumnos de música en un conservatorio llevan materias "teóricas" como solfeo, análisis de formas, armonía y contrapunto. ¿Significa esto que la música es una mera especulación? No, obviamente. Significa que hay maneras de abstraer la música y analizarla con papel, lápiz y cerebro. A eso es a lo que se refieren los nombres como Teoría del Big Bang, Teoría de la Evolución, Teoría Electromagnética, Teoría de la Relatividad y tantos otros más (¡como Teoría de la Música!).

Bien, pues la religión es—por mucho—una mala teoría en todos los sentidos. Pretende ser una explicación del mundo, pero no está bien definida, ni es autoconsistente, ni tiene métodos de control de calidad, ni tampoco tiene manera de demostrar que posee o genera conocimiento que no se tendría de no ser por ella. Como ejemplo de este fracaso de la religión como teoría, quisiera usar otro ejemplo conocido que creo que no ha sido tan bien aprovechado como debería.


Dependiendo de la religión, el concepto de la omnipotencia de Dios es más o menos prominente (algunas religiones politeístas no lo usan prácticamente para nada, pero en el monoteísmo es una parte central). De nuevo de acuerdo a la RAE, la omnipotencia es el atributo exclusivo de Dios de poder hacer cualquier cosa. Si dejamos la omnipotencia definida solamente hasta ahí, podemos hacer todo tipo de sabotajes lógicos para demostrar su incoherencia:

¿Puede Dios hacer un burrito tan caliente que ni siquiera Él se lo pueda comer?

Si la respuesta es sí, Dios no es omnipotente porque no se puede comer el burrito; si no, entonces no es omnipotente porque no puede hacerlo. De cualquier manera, al menos en una primera aproximación, la omnipotencia como concepto nace muerta. Ahora, este es un juego retórico que ateos y teólogos han estado jugando desde hace mucho, y estos últimos han concordado una respuesta estándar, que usualmente se presenta así:
Tu falta de sofisticación es evidente. Dios tiene más atributos además de la omnipotencia, como la perfección, la lógica y el orden [citation needed]. No está en la naturaleza de Dios hacer cosas absurdas o ilógicas, como círculos cuadrados, subir para abajo, o tus tontos burritos.
Haciendo a un lado el ataque ad hominem que siempre va acompañado de esta respuesta (créanme, llevo mucho tiempo en esto) podemos tomarle la palabra a los teólogos y hacer aún más observaciones incómodas. Por ejemplo:

"Eso es un buen punto."
Si Dios no hace cosas ilógicas, entonces no hace milagros, pues ¿qué es un milagro sino una suspensión de la lógica? Si no hace círculos cuadrados, ¿cómo va a embarazar vírgenes o resucitar muertos? No es muy omnipotente un dios que siempre se queda dentro de lo que le marca la lógica. Eso hasta lo puedo hacer yo. Y la diversión apenas comienza: por ejemplo, ¿puede Dios dejar de ser omnipotente?

Después de esto, usualmente los teólogos regresan a las acusaciones y a cambiar de tema.

El punto es que los teólogos no pueden hacer demostraciones de su conocimiento porque no lo tienen, es decir, no saben más que los creyentes comunes. La teología se esconde tras una falsa sofisticación y una erudición espuria que no está basada en nada concreto. Claro, usan una redacción complicada (entiéndase oscurantista) y algunas palabras en latín o griego pero, cuando analizas sus argumentos con un diccionario y mucha paciencia, su "conocimiento" se evapora por completo. Ojo: los teólogos sí saben algunas cosas, como idiomas, historia (la que les conviene), filosofía (ídem), y hasta ciencia (también a conveniencia) ...el problema es que no saben de teología. En palabras del ex-ministro evangélico Dan Barker, los teólgos no estudian a Dios, sino que solamente estudian lo que otros teólogos han dicho acerca de Dios.

La teología está desnuda.

Razonar vs. Racionalizar



El método que usa la teología para llegar a su 'conocimiento' es, sin excepciones, la racionalización. En contraste con el razonamiento, que es el uso apropiado de la lógica para deducir conclusiones correctas a partir de premisas sólidas, la racionalización es la acción de comprometerse a una conclusión y defenderla a toda costa usando los argumentos a conveniencia. ¡Ojo que no tiene nada que ver con la inteligencia! De hecho, la gente más inteligente es la más hábil para racionalizar, porque se le ocurren más cosas para usar como pretextos lógicos. (Aunque aquí puse enlaces a Wikipedia, mi fuente favorita para todo que ver con lógica es el libro de Copi & Cohen, Introducción a la Lógica, que por obvias razones no voy a escanear para poner aquí.)

Todos somos suceptibles a la racionalización porque es cómoda y, para muchos efectos prácticos, funciona. El caso es que hay cuestiones en las que realmente deberíamos detenernos a pensar con más deliberación y rigor. La ciencia se protege de la racionalización mediante la revisión por pares, la comprobación de lo deducido con experimentos, críticas constantes por parte de colegas y competidores, y la promesa de hacerse famoso si se demuestra que los demás están equivocados. 

La religión no tiene esos métodos de protección. Cuando un cambio ocurre, es porque la religión reacciona a su entorno y frecuentemente resulta en la ramificación, porque no hay manera de resolver disputas que no tratan acerca del mundo real. En este sentido la religión cambia, pero no progresa.

Conclusiones


Mientras que es posible creer en la ciencia y la religión por igual como lo hace mucha gente, eso no dice nada de la compatibilidad de ambas. Más bien, es reflejo de la alta capacidad de las personas para racionalizar y escoger a conveniencia los argumentos que las hacen sentir más cómodas al navegar por el mundo. Pero la ciencia y la religión en sí no son reconciliables porque usan distintos métodos, llegan a distintas conclusiones, y son mutuamente exclusivas en ambos. No tiene por qué haber ningún tipo de diálogo constructivo entre ciencia y religión; más bien, como dice el biólogo Jerry Coyne, lo que se necesita es un monólogo destructivo, en el que la ciencia hable y la religión escuche y aprenda. La ciencia no es compatible con la religión porque el conocimiento no es compatible con la superstición.

Algunos lemas o mantras útiles para recordar:
  • Coexistencia no es lo mismo que Compatibilidad
  • Incertidumbre no es lo mismo que Relativismo
  • Tener fe es conducirte como si supieras cosas que no sabes
  • No hay distintas formas de saber, tan solo hay saber y no saber



Nota importante: no he dicho en ningún lado que la ciencia, entendida ingenuamente como Física, Química y Biología, más sus disciplinas derivadas, tenga un monopolio sobre el conocimiento. Estoy perfectamente contento de conceder que los historiadores, por ejemplo, poseen y generan conocimiento. Y es que ellos (al menos los buenos) usan métodos lógico-deductivos anclados a la evidencia, en un procedimiento general que se asemeja mucho a la ciencia. Por otro lado, la superstición abarca otras disciplinas aparte de la religión también, como el postmodernismo, la medicina alternativa y varias ideologías políticas, pero esos son artículos para otra ocasión.

Más Recursos


Libros :

Mis ejemplares de algunos de los libros mencionados.
Charlas y debates:

  • Sean Carroll (físico) vs. William Lane Craig (teólogo) debatiendo si la cosmología indica que Dios existe. Si se les hace que está parejo, les falta mucho por estudiar, porque es una masacre a favor de Carroll (> 2 hrs):
  • Tim Maudlin comentando sobre el debate anterior. Elocuente, claro y fulminante (1 hr):

  • Peter Boghossian sobre la fe y las mejores maneras de llegar al conocimiento (>1hr, incluye preguntas al final):

Sitios Web:
...y mi charla (¡debo hacer más ejercicio!):